
Beber en copas de bacará agua de pinceles con seda fermentada, añadir un twist de pus y jarabe de alcachofa, batir todo muy bien en un florero de plástico y perder el conocimiento cuatro días seguidos.
Despierto con un nombre y muchas luciérnagas en la cabeza. Viajo. Me detengo cada treinta y dos pasos para oler el aire y agregarlo un bouquet que regalará ceñido en un mecate de ásperas lentejuelas.
Miro los colores y los vestidos. Me acerco al muro de los cojines traslúcidos y
c a i g o . . . hasta parecer una pluma entre burbujas de absenta. Abro los ojos hasta el cansancio y la sequedad.
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